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martes, 15 de septiembre de 2009

Algunos amigos I

-¿Estáis seguro de que queréis que yo haga ese trabajo?

- Completamente

Me lo temía

- Pero... ¿no hay nadie más? Podrías decírselo a Ryu, estaría encantado de ayudarles, incluso algún miembro de los Guardianes, cualquiera. ¿Y la capitana? Ella es mejor combatiente que yo, voy a buscarla...

Su mirada me indicaba que estaba entre la espada y la pared. No podía negarme, no de nuevo.

- ¡Ah! Pero la entrada está sellada, ahora sí que no puedo ir - Me levanté en un inútil intento de marcharme cuando su imponente voz me detuvo.

- Hemos hablado muchas veces de eso. Bajarás por la entrada que hay bajo el templo, como la última vez, al fin y al cabo, fue tu hermano quien la creó.

Suspiré abatido. Es cierto que mi hermano creó el túnel, pero también es cierto que desapareció ahí dentro y no pienso correr la misma suerte, casi prefiero ir al cielo... Casi. Así que tendré que bajar.

Cogí mis cosas y me aventuré ahí dentro, según las predicciones del sacerdote, encontraría el grupo en menos de un día, pues mi túnel se extendía durante varias horas. Al llegar a la trampilla tuve un mal presentimiento, aunque no le di mucha importancia, era invisible de todas formas.

La abrí y una ráfaga de aire, bastante cargado, fue mi recibimiento. Parecía que ese lugar no había sido abierto desde su creación. Me deslicé dentro del oscuro corredor y comencé a bajar, con cuidado de no rasgarme mis vestiduras. El interior de este camino oculto era no muy grande, un túnel de unos 3 metros, pero lleno de piedras, arena y suciedad. Algunas herramientas estaban dispersas por el suelo y, aunque no podría asegurarlo, juraría que los espíritus de aire aún aferraban sus preciados utensilios. Intenté coger uno, sin éxito claro, pesaba demasiado para mí.

Seguí avanzando durante unas dos horas hasta ver algo que heló mi cuerpo. En el suelo había alguien tumbado...

No sabría describir mis emociones, era demasiado chocante para mí. Solo recuerdo que me acerqué lentamente, incluso me volví visible, no podía controlar mi cuerpo. Aún ahora mientras avanzo con mi prometida y su compañero recuerdo esa escena. ¡¿Cómo iba a olvidarlo?! El cadáver de alguien estaba tendido ante mí, sin descomponerse, como si hubiese muerto hace unos segundos ¡Eso era imposible! Me acerqué un poco más, necesitaba comprobar quien era. Las ideas volaban por mi mente ¿y si era uno de ellos? ¿Cómo podían haber llegado tan lejos? Borré tales pensamientos de mi mente y observé el cadáver. Su cara me resultada familiar... ¡No, es imposible! Pensé desconsolado. Era uno de los ayudantes de mi hermano... pero... no, no es posible. Hace cinco años que se aventuraron para no volver. ¿Ha pasado 5 años muerto aquí? No me lo puedo creer, es demasiado raro... Siento energía mágica en el ambiente, sea lo que sea lo que le ha matado lo conserva en perfecto estado. Deberé volver de nuevo con alguna hechicera, puede que ellas puedan ayudarme.

Cuando me recuperé del shock inicial me volví invisible de nuevo y llegué al final del corredor. Se había vuelto más pequeño, apenas un metro y medio de alto y poco más dos de ancho, tuve que ir agachado todo el tiempo y, aún así, no podría haberme librado de algunas rozaduras. Me encontré por fin por la trampilla que mi hermano habría construido, aunque solo son suposiciones, pronuncié la palabra que me había enseñado cuando éramos pequeños.

- Miles

La trampilla se abrió, tal y como esperaba y llegué a una gran cámara. Era bastante extraña, nunca había visto algo igual. En el centro había un gran altar y, detrás de esté, se situaban dos puertas, parecían pesadas. Recorrí la cámara observándolo todo, un pasillo parecía venir hasta aquí, dirección a la ciudad (o eso me parecía). Mientras observaba la habitación mis ojos se posaron en el altar. Sobre un pequeño soporte se encontraba un extraño cetro, brillante, rodeado de un aura mágica. Estaba hipnotizado por él, incluso me hizo olvidar lo sucedido hace poco...

Me acerqué al altar y, sin pensarlo mucho, sostuve el cetro entre mis manos. La luz que lo rodeaba se apagó y escuché cómo se activaba un mecanismo..

- ¡Oh, demonios...!

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